lunes, 12 de julio de 2010

Brenda: feliz esposa y puta


Somos una pareja dispuesta a disfrutar, él de sus cuernos y yo de los hombres.

BRENDA FELIZ ESPOSA Y PUTA


Antes que nada pido disculpas por mi lenguaje que para algunos puede parecer procaz pero aprovechando la oportunidad de poder expresarme con entera libertad quise escribir lo que siento y lo que vivo en forma descarnada para que las personas que lean este relato entiendan cabalmente lo que quiero expresar.


Mi nombre es Brenda y estoy casada con un importante ejecutivo de un grupo financiero argentino. Podríamos decir que debería ser la típica esposa de clase media-alta que se dedica a cuidar a sus hijos, ocuparse de que las sirvientas estén ocupadas y a que a mi maridito no le falte nada, pero la realidad es muy diferente.


Nunca tuve vocación de ama de casa, madre o esposa modelo ni nada que se le parezca, por el contrario estoy poco en el "hogar conyugal" y llevo una vida muy liberal, haciendo lo que se me da en gana pero por supuesto con el consentimiento de mi marido. ¿Consentimiento dije?, Sí el consiente que la pase bien, me divierta de la manera que me plazca y a eso vine a contarles que cosas me placen o mejor dicho, que cosas nos placen a mi esposo, que todo lo consiente, y a mí que todo los disfruto.

Ya se estarán dando cuenta que tipo de matrimonio somos.


Claudio, así se llama él, pasa mucho tiempo en la oficina, dando ordenes a muchos empleados, firmando importantes papeles que al poco tiempo se transforman en beneficios para la empresa de Alberto..(¡¡¡uhmmm…. que bocadito!!!...ya les contaré), su jefe, el dueño del grupo financiero y un macho delicioso….seguro que les contaré.


Mi marido, además, es un gerente muy temido por sus empleados a quienes tiene sometidos mediante una política de persecución constante. Siempre dice: "Brenda, todas las personas son buenas pero si se las vigila son mejores". Ese ogro se transforma cuando cae en "mi territorio" pues en la cama es mi esclavo, un indefenso y conciente cornudo que disfruta mucho en serlo y al que no le alcanza las dosis de morbo que le doy y siempre me pide más..


Pero no nos apuremos, déjenme que me describa tal cual me veo. Soy, lo que se dice, una verdadera potra. Comenzando por abajo diría que tengo un hermoso par de piernas que me gusta hacer resaltar usando minis y calzando zapatos de taco aguja. Mi cola es redondita y compacta, la locura de todos los hombres que han tenido la suerte de montarse a esta monumental yegua. Dos hermosas tetas, operadas, pero hermosas al fin.

Soy rubia de ojos castaños, de boca grande y carnosa y lengua húmeda siempre dispuesta para lamer algún buen trozo de carne apetitoso. Mido 1.75 metros pero con los zapatos aguja y mi presencia parezco más alta. Además, y nada menos, lo más importante es que soy una mujer muy ardiente.

Ahhh … me olvidaba de la edad, tengo la ideal para una mujer, 32 años pues poseemos toda la fuerza de la juventud y la experiencia de lo ya vivido.

Claudio es diez años mayor que yo.


De adolescente fui una chica imposible de manejar. Mis padres no sabían que hacer conmigo y cuando llegué a los 16 años ya curtía con un novio. A partir de ese debut con mi primer parejita empecé una rápida carrera de primeros premios ganados. No había hombre que se me resistiera. Es cierto que mis padres no sabían que hacer conmigo en cambio yo ya sabía que hacer con el sexo opuesto, de todas maneras trataba de hacer las cosas con la suficiente discreción como para que mi familia no sufriera.


Sucede que desde el momento en que me desarrollé como mujer en mi interior surgió un irrefrenable deseo de coger, y coger sin parar, que me domina y me obliga a estar a disposición de los hombres hermosos y seductores que me suelen cortejar. No puedo resistirme a ello por más que lo intente. Basta que un hombre bien plantado me piropee, sea amable conmigo, léase se comporte como un caballero, para que mis jugos comiencen a mojar mi bombachita y si ese hombre descubre mis partes débiles termino siendo irremediablemente suya. Como decía Oscar Wilde, "hasta mis debilidades son más fuertes que yo" y mi debilidad es un hombre elegante, seductor, gentil. Me encanta acercarme a ellos y percibir el perfume que usan, uhmmmm.. los perfumes me pueden.


.A los 21 años conocí a Claudio y empezamos a noviar seriamente, aunque yo seguía teniendo algunas escapaditas a sus espaldas. ¡¡¡ Cómo me iba a perder al caramelito de Rubén!!!. Un vecino muy bien dotado que me fue ganando poco a poco. Fue el primer hombre en mi vida en muchos sentidos. A los 18 años me fue conquistando con su cortesía, con su constante halago a mi belleza. Luego siguió avanzando hasta lograr estar a solas conmigo. Fuimos en su auto hasta un lugar apartado y con mucha dulzura empezó un juego erótico de besos y caricias que paulatinamente se transformó en ardiente batalla de cuerpos.


Fue el primer hombre en llevarme a un hotel. …"No aguanto la incomodidad del auto.. te quiero en una cama … sobre unas sábanas blancas y sin apuro …para poder disfrutarte mejor" me dijo una noche. A partir de ese momento se terminaron los asientos traseros. Rubén me transportaba al paraíso, en una hora y media me hacia sentir la mujer más feliz y la más puta a la vez. ¡¡¡Que macho divino!!!. Me hizo gozar muchísimo. No quieran saber lo loco que se ponía cuando quedaba desnuda. Disfrutaba tener a su merced a una bebota hermosa y caliente.


Sin duda fue el hombre de mi vida, el que me enseño a hacer el amor, a disfrutar del sexo desde todos sus ángulos, como recompensa tuvo mi cuerpo joven, mis carnes firmes, mi piel suave, mi almejita húmeda y caliente para que su pija encontrara buen resguardo. Añoro su verga, la extraño en mi concha, en mi boca o en mi culo. Extraño a Rubén, a su dulzura y a su frenético ardor.


Claudio sospechaba de mis aventuras y en un comienzo me celaba pero a mí no me importó. Yo sabía quien mandaba en la relación y sabía que más temprano que tarde las cosas serían como yo decidiera, además sospechaba que había algo en él que me decía que sus celos eran una engañosa señal de algo diferente y que íntimamente disfrutaba de fantasear conmigo y otros hombres. ¿Por qué? Porque cuando íbamos a una fiesta, por ejemplo, constantemente se la pasaba presentándome amigos para luego desaparecer por media hora y dejarnos a solas. Los chicos se me lanzaban de inmediato, presentían que Claudio les estaba entregando a su novia y a veces me costaba mucho no llevármelos directamente a la cama.


No los voy a engañar, he disfrutado de varios de los amigos de Claudio, unos pendejos hermosos que supieron sacar de mí esa mujer caliente que me hace tan feliz.. Luego Claudio, cuando estábamos cogiendo, me presionaba para que confesara y así tener más material para fantasear. Por supuesto cuando empezaba con el insufrible interrogatorio,,¿con quién estuviste?,, ¿Te gusta fulano o mengano?.. permanecía callada. Sabía que ese silencio era una tácita afirmación de mi vida licenciosa y a la vez un acicate para su morbo que alcanzaba niveles siderales.


De todas maneras una noche me decidí a comprobar mi teoría.

Estábamos en un hotel, medio borrachos, viendo una porno común y corriente, casi sin argumento pero con algo muy especial, un actor bellísimo y sensual.

Uno de esos actores que parecen esculturas griegas y que con un pedazo enorme se estaba cogiendo a una rubiecita como yo, le estaba dando con todo.

Miraba embobada a ese macho hermoso cuando él me recrimina diciéndome:

Parece que te gusta ese hombre.-


Uhmm, la verdad mi vida, me encanta. Me lo chuparía todo- contesté.


Claudio hizo silencio y luego volvió a la carga.

¿Cómo dijiste?- preguntó con asombro.


Dije que me lo comería todo, es más si estuviera en esta habitación me verías entregada totalmente a él.- respondí notando que su verga estaba paradísima y a punto de estallar.


Por tu forma de hablar parecés una puta.- intentó contraatacar.


Sí una puta, como a vos te gusta, como vos querés que sea.. y como yo quiero ser..


¡¡Basta Brenda, te volviste loca jamás se me hubiera ocurrido pensar que vos creyeras en eso!!! ¿De dónde sacaste semejante idea?- intentó defenderse.




Ese fue el punto de quiebre en nuestra relación, el momento en que debíamos dejar de lado nuestra hipocresía y encarar definitivamente una nueva forma de convivencia. Ya no soportaba tener que estar ocultándome como una ladrona cuando presentía que él íntimamente disfrutaba fantaseando con mis engaños. Teníamos que decirnos la verdad de una vez por todas.

Dale papito si a vos te gusta que me cojan, es más. Apuesto a que te morís por saber quien me coge y estar presente en ese momento- le enrostré.


Hizo un silencio que duró varios segundos, los suficientes como para que me acerque a sobarle la verga y a susurrarle cosas al oído mientras nuestras miradas seguían lo que estaba sucediendo en la pantalla.

Decime la verdad, no te gustaría verme empalada por un macho como ese, yo te dejaría que me vieras.


No se… ¿dónde querés llegar? Dijo con un hilo de voz y sorprendido por mi reacción.




En ese momento perdí los estribos y un poco por el alcohol, otro poco por mi carácter y mucho por la calentura que tenía de ver tremendo macho cogiendo le grité en el oído:

¿Sabés dónde quiero llegar? Quiero llegar a que a vos te gusta que tu novia coja con otros y no te animas a pedírmelo. ¿Te crees que no me di cuenta? …Vivís presentándome amigos que lo único que hacen es tratar de llevarme a la cama y te aviso que tenés buen gusto querido porque algunos lo lograron-


Claudio con la cabeza gacha seguía en silencio, yo ya no podía detenerme, debía seguir adelante.


¿Querés saber la lista de los ganadores? Son varios mi amor, podés empezar a fantasear con ellos cogiéndose a tu noviecita ….Pato buen cogedor, Matías la tiene como un burro pero no la sabe usar…. le enseñe como hacerlo,…el que es un inútil sin remedio es Maxi pero sabe que hacer con la lengua…


¡¡¡Pará un poco con eso!!! Exclamó entre rabioso y excitado.




Dejemos de ser hipócritas, vos sabes como soy y yo se como sos, sabemos lo que nos gusta y nos da placer así que si aceptamos esto podemos llevar una vida feliz y disfrutar de nuestro secreto sino querido nuestra relación se termina aquí.


Me monté sobre él y dejé deslizar mi cuerpo hasta que sentí su miembro entre mis piernas, luego de un solo movimiento logre se introduzca por completo. Mi concha estaba muy húmeda y necesitaba un visitante urgente.

-¿Te molestó lo que te confesé de tus amiguitos?- le susurré ya sintiendo el placer de tener una verga dentro mío.


Claudio se agitaba de placer, con los ojos entrecerrados, la boca abierta y la respiración agitada solo atinó a mover su cabeza hacia ambos lados en señal de negación.

Yo ya estaba delirando de calentura y el morbo que se cruzaba por mi mente no me dejaba pensar en otra cosa que en someter definitivamente a ese hombre para que no le quedaran dudas de cual era su rol, cornudo conciente y asumido.

-Entonces te gustó saber que Pato me hizo suya, no?, ¿Te gustaría conocer más detalles?-


Movió afirmativamente la cabeza mientras nuestros cuerpos ya se contorneaban en forma sincronizada.

¡¡¡Respondeme, decime que sí…no muevas la cabeza… decime "sí mamita me gustaría saber como mi amigo Pato te cogió"….¿entendiste boludo?!!!


Sí…mamita…me gustaría saber como mi amigo Pato te cogió.- por fin vomitó Claudio.


¿Sabés que es un lindo machito tu amigo? ¿Sabés que disfrutó mucho de tu hembra pero creo que más por cogerse a tu novia?. Tendrías que verlo estaba como loco, estuvo comiéndome la almejita como media hora mientras yo le chupaba la verga.


Claudio se arqueó como si fuera a acabar pero logró controlarse.

Seguí contando… no te detengas- me pide casi en un ruego.


Pato disfrutaba hacerte cornudo… yo le decía ..¿Patito te gusta cogerte a la novia de Claudio, .. a esta gata caliente que te va a exprimir la verga?.. y el me contestaba…"Me encanta cogerme a la novia de mi amigo pero más me calienta saber que sos tan puta"… porque soy muy puta…y me gusta serlo..¿sabías no?.


Por momentos mis palabras salían entrecortadas producto de la calentura y del morbo que me daba estar blanqueando todo mi vida delante de mi futuro esposo.

No vas a tener problema que siga cogiendo con Pato, verdad mi amor?-


Nooo…seguí cogiendo con él…y seguí cogiéndome-


Es que es un machito tan lindo…. Me encanta sentirlo entre mis piernas…dentro de mi conchita …y que me llene el culo de leche calentita..ayyy mi vida como estoy gozando..


Seguí puta…seguí que me volvés loco.-rogaba Claudio en un estado total de agitación.


Yo te voy a contar todo, como me chupa la concha, como le chupo la pija y los huevos…como me clava..y en una de esas si te animas podemos hacer un trío. ¿Te gustaría verme coger con él, papito? ¿Verdad que sÍ?

¡¡Siíííííí´….me encantaría verte cogerlo…sos una puta…reputa!!!!


Decimelo que me gusta, puta, reputa…tu puta…la que te va a hacer gozar de tus cuernos toda la vida…acabo mi vida…dame pija que tu puta acaba!!!


Acaba puta…..tomá mi leche……!!!!


En un grito desgarrador llegamos al orgasmo los dos en un mismo momento. Luego vino un delicioso relax que aprovechamos para besarnos y mimarnos. Abundaron las caricias, la ternura, quizá en ese momento nos dimos cuenta que el haber roto la barrera de la hipocresía, de la mentira que manejaba nuestras vidas nos ayudó a encontrar una forma nueva de amor.


Porque yo amo a mi marido, a mi manera pero lo amo. Haría cualquier cosa por él sucede que ambos compartimos un íntimo deseo que se basa en gozar del sexo pero en una forma complementaria. Para que el disfrute de sus cuernos yo debo metérselos periódicamente y la verdad es que me encanta hacerlo muy cornudo.


La regla tácita es que no debe haber mentiras, todo se sabe en la pareja. Si no compartimos la cama con un amante yo le cuento mis encuentros a solas con lujo de detalles para que el se pajee, o me haga el amor con mucho morbo. Parece una ironía pero nuestra relación se basa en una forma nueva de lealtad de uno hacia el otro.


Quiero conocer la opinión de Uds. y estoy dispuesta a contarles algunas cositas más muy picantes. Gracias por tomarse la molestia de leer mi relato.

A mi novia le gusta mostrar su culito




Después de 2 años de pareja me entero que a mi novia le gusta mostrar su culito y me lo demuestra con el portero y el de seguridad de nuestra casa.


La mayoria de las historias que leí destacan que son reales. No se cuanto habrá de verdad en eso. Lo que si les puedo asegurar que esta historia que les contaré sucedió tal cual se las relataré. Lo único que cambiaré serán los nombres de los personajes por motivos obvios.

Me llamo Sergio, vivo en Buenos Aires, Argentina, tengo 40 años y estoy viviendo en pareja hace 2 años con Marcela, una muy linda rubia de 25 años, 1,67 mts de estatura, 85 de pecho, 62 de cadera y una cola super paradita (a fuerza de mucho gimnasio) y con la piel muy suavecita. Al principio de nuestra relación en la cama siempre fuimos muy conservadores, nada de fantasias extrañas, nada de sexo anal, nada de películas porno ni nada de juguetes. Así como les cuento parece bastante aburrido, pero por lo recatada que siempre fue Marcela, yo no tenía otra opción que aguantarme una relación de esta forma.

Así transcurrían nuestros días hasta que en una ocación, yo estando en el baño de mi oficina escuche la conversación de dos compañeros, Eduardo y Leonardo, hablando de mi novia, la cual habían conocido en un evento para la presentación de unos nuevos productos que se había realizado el sábado anterior y al cual habíamos concurrido todos los integrantes de la empresa con sus respectivas novias o esposas.

Al escuchar el nombre de Marcela me escondí para no ser visto y al prestar atención no podía creer lo que escuchaba. A continuacíon les trancribo lo mas textual posible la charla:


- ¿Viste el culo que tiene la pareja de Jorge?, preguntó Eduardo


- Ni que lo digas, no pude dejar de mirarselo en toda la noche, contestó Leonardo


- También con ese pantalón que tenía y esa tanguita que se le marcaba toda.


- Además, me parece que le gusta mostrarlo, porque cada vez que notaba que la estaba mirando se hacía la tonta y lo paraba mas.


- Te parecerá a vos. Con Jorge siempre hablamos de lo tímida que es Marcela y lo que le cuesta a él realizar algunas de sus fantasias.


- Yo lo único que te digo es que me parece que esta es una putita barbara y que le encantaría que le rompan el culito de una buena vez y yo me anotaría en primer lugar.


En ese momento salieron del baño y yo me quedé con una sensación de bronca tan grande que solo era comparable a la calentura que me había dado escucharlos hablar así de Marcela.

A partir de ese día note lo que me exitaba saber lo deseada que era mi novia y cada vez que teníamos relaciones fantaseaba con la idea de que hubiera gente mirandole la cola a Marcela mientra ella la movía contenta de mostrarla. Así trascurrieron varios meses, hasta que en una oportunidad y en un momento que estabamos tomando sol en el balcon de casa, vi que se metía la tanga que tenía puesta bien adentro de la cola. Cuando le pregunte que hacía, me contesto que era para que no le quedaran las marcas de la malla, pero en realidad me di cuenta que se había levantado de la reposera y se había colocado de espaldas a la reja del balcón dandole un espectaculo barbaro a dos adolecentes que vivian en un edificio de enfrente y que no se podían despegar de la ventana. Al darme cuenta y creyendo que Marcela no se había dado cuenta le aviso:


- Marce, date vuelta que te estan mirando de enfrente.


- ¿En serio?


Da vuelta la cara y viendo a los chicos les saca la lengua, se las pasa por los labios, luego me mira y me dice:


- Dejalos que miren, me calienta pensar que esta noche van a hacerse una paja pensando en mi.


No podía creer lo que escuchaba y veía, la tan recatada de mi novia ofreciendo el culo para que unos desconocidos se lo miraran cuanto quisieran y además reconocer que eso la calentaba.

No supe que decir, automaticamente sentí que comenzaba a tener una erección monumental y comence a dar credito a lo que había mencionado mi compañero Leonardo en la ocación del baño.

Como pude, me pare de la reposera y me acerque a ella le di un beso en la boca y susurrandole al oido le comente que lo que estaba haciendo era una de mis fantasias de los ultimos meses y que si a ella le gustaba yo no me pondría celoso, al contrario, le ayudaría a desarrollar su fantasía y llegar hasta donde ella quisiera.

Cuando escucho esto, me miro fijo y me preguntó :


-¿ Llegar hasta donde yo quiera?


- Sí, ¿porqué? ¿hasta donde queres llegar?, le respondí.


- Me gustaría mostrarle la cola a estos chicos sin la mallita. ¿me dejás?


La conversacion había llegado al punto que yo ya no podía sopotar mas que mi chota estuviera encerrada en el pantalon.

Ella me miraba como esperando la respuesta, sin dejar por supuesto de arquearse cada vez más para mostrarse mejor a estos chicos que yá a esta altura y sin ningún disimulo habían sacado sus chotas y se estaban haciendo flor de paja.


- ¿No te parece que sería demasiado?, ¿no te da vergüenza? le pregunte.


- No, para nada, lo unico que me da un poquito de vergüenza es confesarte que siempre me gustó mostrarme y especialmente me excita muchisimo cuando los hombres me miran y desean mi colita.


Vi en su cara que contarme esto la calentaba terriblemente, y yo que con mi calentura no me quedaba atrás le seguí preguntando.


- ¿Le mostraste la colita a muchos señores en este ultimo tiempo?


- A varios, ¿querés que te cuente la última vez?


- Fue ayer cuando salí del edificio para el gimnasio con las calzas azules y al ver que Segio (el portero) y Ruben (el de seguridad) no podian sacarme los ojos de encima, me abrí un poco de piernas, me agache sin flexionar las rodillas y hice como que me ataba el cordon de las zapatillas, poniendole la cola a un metro de la cara de ellos. Me clavaron la vista y pude ver como Ruben se puso la mano en el pantalón y murmuro algo que no llegue a escuchar. Esto me calentó tanto que tuve que volver a casa a cambiarme porque me había mojado toda.


A medida que me contaba esto se había abierto un poco mas de piernas y empezaba a tocarse la conchita, siempre mostrando su culito a todos los que quisieran verlo en las ventanas de enfrente.


- Bueno, si no te da vergüenza, sacate la tanga, pero espera que me vaya para adentro, para mirarte desde ahí.


Lo único que yo quería era no perderme nada del espectaculo que estaba por dar mi novia, y lo quería ver mientras me hacía flor de paja.

Cuando la deje sola, giró la cabeza hacia los mirones, sacó la lengua pasandosela por los labios, tiró de cordón de uno de los costados de la maya desatando el nudo y voilá, ahí estaba parada en el balcon con las piernas abiertas, un dedo dentro de su conchita y apuntando su colita desnuda en plena luz del día a decenas de ventanas.

Se arqueaba cada vez más, se abria los cachetes con la mano, mostrando su lindo agujerito y siempre sin dejar de masturbarse, la escuchaba que decia en voz baja - ¿Les gusta mi cola? ¿Les gustaría chuparla?, aquí la tienen, toda para ustedes. De repente me miró a traves del vidrio y me rogó que le metiera la pija en la boca, cosa que no pude evitar ya que estaba por estallar. Asi que salí al balcon, la tome de los pelos, y ella me empezo a comer la chota, mientras yó ya fuera de sí, le gritaba ¿Te gusta que te vean la colita putita? ¿Te gustaria tener ahora otra pija por atrás? Ella asentía con la cabeza y gemía como nunca la había escuchado. Ya había acabado como 5 veces. Yo seguía: ¿Sabés todos los señores que se deben estar pajeando con tu culito?, ¿Te gustaría tenerlos todos aca, no puta?, Siiii decia ella, pero ya no aguante mas y tuve un orgasmo monumental, el cual Marcela se tragó hasta la última gota. Le dí una palmadita en la cola y nos metimos para adentro, sin antes ella darse vuelta y dirigir un beso hacia las ventanas.

Esa noche tuvimos el mejor sexo que habíamos tenido desde que nos conociamos, pero como se imaginarán la cosa no quedo ahí, y empezaron a pasar cosas que realmente nunca hubiese esperado que pasaran.

A la mañana siguiente al salir del edificio para dirigirme al trabajo, me cruzo en la puerta con Sergio y con Ruben, que como recordarán son el portero y el encargado de seguridad del edificio donde vivimos, los cuales, con una sonrisa, me comentan que ayer una persona había asentado una queja en la administración del edificio por las exhibiciones que había hecho mi novia en el balcon.

Imaginen la sorpresa y vergüenza mía enterandome que ya en el edificio sabían de las manías de Marcela. Por supuesto me hice el desentendido y se produjo este dialogo:


- ¿De que exhibiciones me hablan?, dije yo tratando de disimular.


- De mostrarse desnuda y con poses sexuales en el balcon, dijo Sergio.


- La verdad, no se de que me hablan, contesté.


- Con nosotros no tiene que disimular, ya hace rato que sabemos que a su mujer le gusta mostrar la cola, cada vez que pasa cerca nuestro se agacha o la saca para afuera y se queda un ratito en esa posición para que se la admiremos, dijo Ruben sonriendo.


Yo me quede mudo.


- Lo único, digale que en el balcon no lo haga más porque va a tener problemas con los vecinos, continuó Sergio.


- Digale que cuando quiera exhibir su culito, nosotros nos ofrecemos para mirarselo, no es cierto Sergio, dijo Ruben.


Ambos rieron y yo entre la vergüenza pero también la exitación que me producía la situación, solo atiné a contestarles - Se lo diré.

Todo el día en la oficina estuve con una calentura brutal. No veía la hora de volver a casa para contarle a Marcela lo que me había pasado a la mañana y ver la reacción que tendría.

De regreso a casa al llegar a la entrada del edificio me encuentro nuevamente con Ruben, el cual me saluda con una sonrisa y el caradura me dice que si mi mujer lo necesita a el y a Sergio esta noche, que cuente con ello porque hoy era su día libre y estaba disponible.

Yo no podia creer lo que escuchaba. No le conteste nada y subí lo mas rápido que pude a mi departamento.

Cuando abro la puerta me encuentro a Marcela cocinando vestida solamente con una tanguita roja de esas que se meten bien adentro de la cola. Se acerca a darme un beso y me dice que suerte que había llegado porque ya no se aguantaba mas de la calentura y quería que me la cojiera en el balcón a la vista de todos.

Le dije que eso ya no lo podíamos hacer mas, y le conte lo de la denuncia y cuando le conte el ofrecimiento que me habian hecho Ruben y Sergio pense que se moriria de vergüenza, pero no, estaba muy equivocado, me miro, se toco la conchita y despues de un gemidito me dijo:


- Que zarpados, y a vos amor ¿que te parece la idea?


- La verdad que me agarro por sorpresa, pero estuve todo el dia exitado.


- Vos sabes que a mi me encanta mostrar la colita todo el tiempo y si a vos no te molesta que me la miren mientras me cojes, podriamos decirle que subieran.


- Justamente hoy a la noche estan de franco, le dije.


- Porque no bajas y les avisas que vengan a las 10. Pero amor, no te olvides de aclararle muy bien que es solo mirar, no me voy a dejar tocar.


- Seguro, yo tampoco lo permitiría.


Así que baje, lo encare a Ruben y sin muchas vueltas, porque me daba bastante vergüenza, le dije que mi novia habia aceptado la propuesta de hoy a la noche.


- Estaba seguro que se moria de ganas de entregarnos el culito, me dijo.


- De entregar nada, le dije, es solo para que la miren, esta claro.


- Está bien, no hay ningún problema. Ya verle desnudo ese flor de culo que tiene me basta.


- Avisele a Sergio y suban a las diez, me despedí.


Volví al departamento y nos apuramos en preparar todo. Decidimos que lo haríamos en el living, porque es el lugar mas grande de la casa y podriamos poner distancia entre ellos y nosotros. Corrimos los sillones y los pusimos mirando hacia el colchon de la cama que tiramos en el piso. Trajimos una lampara de pie que daba un luz mas tenue, pero que a su vez iluminaba todo bien. Marcela se puso un vestidito de color turquesa que le llega un poquito arriba de las rodillas, de tela finita y ajustado lo suficiente como para dejar divisar la tanguita negra que apenas le cubría la cola y los pezones paraditos ya que no tenía puesto corpiño. Era la primera vez que iba a mostrar su colita desnuda a tan poca distancia a dos casi desconocidos. De solo pensarlo ya habia tenido un orgasmo mientras se cambiaba.

Ya se había hecho la hora, y como era de esperar, puntualmente tocaron a la puerta. Abrí, y ahí estaban Rubén y Sergio con una sonrisa y como cargandome Ruben me dice:


- Buenas noches, venimos a que su mujer nos muestre ese precioso culito que tiene, ¿podemos pasar?


- Adelante, los esta esperando, les dije para continuar la situación que me exitaba terriblemente.


- Mi amor, ya estan aca, vení a saludar, grite, mientras Ruben y Sergio se acomodaban en el sillon.


- Hola, como estan, dijo Marcela, como si se tratara solamente de una visita social, y estirando la cara le dio un beso en la mejilla a cada uno.


- Buenas noches señora, respondieron a duo, que por el grado de calentura que ya tenían les salio medio entrecortado.


- Esta muy hermosa, dijo Sergio, que siempre había sido el más galante.


- Y tiene el mejor culito del barrio, siguio Ruben, no veo la hora de que nos lo muestre desnudito. continuo, mientras ya se habia abierto el cierre del pantalón y se le notaba terrible erección.


- Así que quieren ver mi colita, contesto Marcela, mientras se mordia el labio, por la calentura que le habían producido las palabras de Rubén.


- Mi amor ¿vos me dejas que le muestre el culito a estos señores?, me preguntó.


- Si te gusta, hacelo, le contesté.


Se dio vuelta y fue caminando hasta el colchon, arqueo la espalda, abrió un poco las piernas, y se levanto un poco el vestido dejando al descubierto la mitad de su precioso culo. Los miró, saco la lengua para mojarse los labios y les preguntó


- ¿Les gusta mi colita?, ¿quieren verla toda?


- Por supuesto señora, pero espere que nos saquemos los pantalones, asi nos hacernos una buena paja con ese culito hermoso, contesto Ruben.


Así lo hicieron, se desnudaron por completo y dejaron ver dos miembros muchos mas grande que el mío y que estaban a punto de estallar. Cuando mi mujer dio vuelta la cara y vió terribles chotas no pudo evitar emitir un gemido de placer que hizo que Rubén me comentara:


- Me parece que a su mujer no solo le gusta que la miren sino tambíen ver pijas grandes.


- ¿es cierto eso mi amor?, le pregunté.


Marcela no contestó, pero se notaba en la cara que les había gustado, y que había llegado a un grado de calentura tal que casi de un tirón se arranco el vestido quedando solo con la tanguita negra que apenas le cubría el culo. Se puso en cuatro en el colchon, bajo la espalda y les entrego una fabulosa vista de su colita, mientras se metía un dedo en la conchita y preguntaba:


- ¿Les calienta mucho verme asi?


- La verdad me calienta que sea tan puta señora, contesto Sergio.


- ¿No tiene ganas de sacarse la bonbachita y mostrarnos el agujerito?, preguntó Ruben.


- ¿Me dejas mi amor que les muestre el agujerito a los señores?, me preguntó, mientras movia el culo para adelante y para atrás.


- Su marido le deja hacer lo que tenga ganas y como se que tiene ganas que alguno de nosotros le saque la tanguita, yo no voy a hacerla desear, le dijo Ruben.


En ese momento Ruben se paró del sillon y fue directo al colchon donde estaba Marcela. Ya todo se había descontrolado y pense que mi mujer se iba a resistir a que la tocara, pero me equivoque, al contrario, siguió en la misma posición y además se arqueó más para permitir que Rubén pudiera meter los dedos a los costados de la tanga y tirara hacia abajo dejando toda la cola de mi novia al aire.


- ¿Qué le parece mi agujerito?, le preguntó Marcela, tocandolo con un dedito.


Es un culito que necesita que le metan una lenguita, le contestó, y de inmediato se agacho y le introdujo la lengua en el culo de mi mujer, que ya fuera de si, se movía desesperadamente y gritaba cosas como:


- Si señor chupeme la colita por favor. Metame toda la lengua.


Rubén solo sacaba la boca del culo para gritarle barbaridades como:


- Yo estaba seguro que usted era muy calentona y que hacía rato que tenía ganas que le den dos hombres de verdad. Vení Sergio que entre los dos la vamos a partir al medio a esta putita.


Rubén se paró, me miró como pidiendome permiso y se dirigió directo a poner la boca en la cola de mi novia, lugar que le cedió Ruben, que se dirigió hacia la cara de Marcela y le comio la boca con un beso que ella respondió sacando la lengua y mirandolo de una forma que le pedía a gritos que le pusiera su tremenda chota en la boca, cosa que Rubén no se hizo rogar. No les puedo explicar con que desesperación se comía semejante miembro.

Yo a esta altura no podía creer lo que veía y me había sentado en el sillón y contemplaba la escena haciendome flor de paja.


- ¿Así que su señora no iba a dejar que la tocaran? Me dijo Ruben


- Digale a su marido lo puta que es, prosiguió.


Marcela solo se sacaba la pija de la boca para gritarme: - Mi amor, soy muy puta y me gusta que me chupen la colita. Siguieron así un rato y de repente Rubén le dijo a Sergio: - correte que le voy a romper ese agujero que tanto le gusta mostrar. Me quede atónito cuando Marcela, que nunca había tenido sexo anal, en vez de negarse, apoyo la cabeza en el colchon, sacó mas el culo para afuera, me miró y me dijo: ¿Mi amor me dejas que el señor me rompa la colita? Y enseguida se metíó el miembro de Sergio en la boca. Yo seguía la escena sin perderme detalle, y ya por el grado de calentura que tenía no podía ni hablar.

Ruben se arrodillo detrás de mi señora y de un saque le metió la pija hasta el fondo, lo que Marcela respondió con un grito mezcla de dolor y placer.


- ¿Con las ganas que tenía y su marido nunca le rompió el culito?, le preguntaba Rubén, mientras mi novia no paraba de moverse y gritar desaforadamente.


- Digale señora a su marido ¿cuantas pajas se hizo, imaginando mi pija en su culo?, continúo.


Mi mujer no contestaba, pero cada vez gritaba mas fuerte.


- Ahora se la va a meter Sergio y usted me la va a chupar y tragar toda la leche hasta la última gota, le ordenó.


Marcela por supuesto obedeció y mientras Sergio le destrozaba el culo con su pedazo, ella chupo hasta tragarse todo el semen de Rubén, y siguió chupando hasta que Sergio le lleno todo el orto con su leche.

Mientras yo ya no aguante más y largue toda mi leche, Marcela quedo tirada boca abajo exhauta y con un hilito de sermen que le salia de su culo y Ruben agarraba su ropa y le decía a mi novia: - Cuando quiera mostrarnos el culito otra vez,
aviseme que tengo unos cuantos amigos que les va a encantar mirarselo, a lo que Marcela le respondío: - Me encantaría conocerlos, pero esto se los contaré en otro momento.

Dulce Andrea


Dulce Andrea

Me casé con Andrea suponiendo que era una dulce niña y me encontré con una gran sorpresa...

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DULCE ANDREA

Desde hacía muchos años tenía fantasías en las que me veía a mí mismo sometido y humillado por una mujer hermosa, sexy y cruel. Aunque nunca fui muy ardiente en materia de sexo, debo decir que esas fantasías eran capaces de mantenerme en un estado de calentura casi constante. Pero sobre todo, lo que más me excitaba eran las historias de infidelidad femenina: mi máxima fantasía era unirme a una mujer que no solamente me dominara sino que permanentemente me metiera los cuernos.

Una vez un amigo me confesó que, un día que había llegado de vuelta a su casa antes del horario habitual, había encontrado a su joven y bella esposa en la cama con otro tipo. Mientras él me contaba todos los escabrosos detalles yo imaginaba la escena y tuve una erección terrible. Secretamente lo envidiaba. Sin embargo, mi amigo quedó tan destruido por la infidelidad de su mujer, que me puse a reflexionar largamente acerca de todo esto. Finalmente, llegué a la conclusión de que lo mejor iba a ser tratar de no pensar más en estas cosas: hay fantasías, me dije, que por más excitantes que parezcan cuando uno las imagina, es mejor no llevarlas jamás a la práctica.

Fue entonces cuando conocí a Andrea. Ella me parecía una típica chica de su casa: sencilla, dulce, recatada. Qué mejor oportunidad que ésta, pensé, para dejar atrás todo ese mundo oscuro y problemático que me daba vueltas adentro de la cabeza.

Andrea es rubia, con el cabello lacio que le llega casi hasta la cintura. De tez muy blanca, y hermosos ojos verdes. Una carita de nena que no hace pensar que ya cumplió los treinta años. No muy alta; más bien menuda, pero con una cola redonda y paradita, pechos pequeños pero firmes, y unas piernas largas, bien torneadas.

Apenas le propuse que nos pusiéramos de novios, ella me aclaró que no quería que tuviéramos sexo antes de casarnos. Sus padres, que eran muy católicos, habían descubierto que ella había estado teniendo relaciones con su anterior novio y por poco se mueren de la vergüenza que habían sentido. Ella se sentía tan culpable que no deseaba darle un nuevo disgusto a sus padres, que además ya eran bastante mayores. No me fue fácil resignarme a su pedido; pero a esa altura yo ya estaba perdidamente enamorado de ella y le dije que era capaz de cualquier cosa, de absolutamente cualquier cosa, con tal de no perderla.

Nos casamos. Nuestra noche de bodas fue un desastre. Yo estaba tan excitado, luego de seis meses de un noviazgo en absoluta abstinencia, que cuando por fin la penetré no aguanté ni dos minutos dentro de ella. Esto se repetía una y otra noche hasta que, finalmente, yo me fui quedando tan cohibido por el temor a eyacular pronto, que terminaba por perder la erección cada vez que estaba a punto de entrar en ella..

Así pasaron nuestros primeros dos meses de matrimonio. Yo estaba profundamente dolido y frustrado de no poder satisfacer a mi preciosa mujercita, pero ella no me reprochaba nada. Con su voz más dulce y tierna me decía todas las noches:

-No te preocupes, mi cielo; vas a ver que el día menos pensado esto va a cambiar y vamos a estar felices.

Yo no imaginaba (no podía imaginar) cuánta razón había en estas palabras.

Un día, en la oficina, pedí autorización para retirarme antes de hora porque debía realizar un trámite. Con fastidio me di cuenta de que me había olvidado en casa los papeles que necesitaba, de modo que

me fui inmediatamente para allá a buscarlos.
Cuando llegué al edificio en el que vivía, vi a un tipo parado en la puerta de calle. Le pregunté si iba a entrar.

-Sí, pero no se moleste, ya bajan a abrirme -fue su respuesta.
Había un ascensor en planta baja y lo tomé. Subí; me llamó la atención el que la puerta de mi departamento estuviera cerrada, pero sin llave. Seguramente, supuse, Andrea habría salido apurada y se habría olvidado de cerrar. Me dirigí al dormitorio -allí estaban los documentos en cuestión- cuando sentí abrirse la puerta del departamento (yo ni me había molestado en cerrarla con llave porque ya mismo estaba saliendo de nuevo) y luego la voz de mi esposa, que hablaba animadamente con alguien. En seguida reconocí la otra voz: era la del hombre que estaba en la puerta de calle. El corazón comenzó a

latirme con fuerza.
-¿Me extrañaste, preciosura?
Era obvio que se conocían de antes...
-¡Extrañé tu pija...!
También era obvio que ya se conocían muy bien...
-¿Querés tomar algo, primero?
-No, estoy muy caliente...mejor vamos a la cama.
-Bueno.
Yo no podía dar crédito a lo que oía. Estaba confundido, sin saber qué hacer. En medio del aturdimiento atiné a esconderme en el placard del dormitorio. No era muy grande pero tampoco estaba muy lleno así que logré acomodarme y alcancé a cerrar la puerta cuando los pasos ya estaban muy cerca.

Desde allí no podía ver nada, pero podía escuchar perfectamente. A pesar de la angustia y la indignación por la infidelidad de mi mujer, noté que tenía una erección tan fuerte que me dolía.

Los pasos se acercaron. Sentí ruido de hebillas, de cierres. Se estaban desnudando.

-Qué pija hermosa que tenés...
-¡A cuántos les dirás lo mismo...!
-A mi marido seguro que no...
-¿Tan chiquita la tiene?
-Un nene de diez años no le envidiaría el tamaño...Y encima, ya ni se le para.

Hizo una pausa. Con una voz ronca, casi suplicante, dijo:
-Hoy la quiero por atrás...
-Primero chupámela un poco. Ahh... así...Qué bien que lo hacés...
-Mhfg...mmhh...mngh...
-Seguí...seguí...ahh...
-Mhmhj...mlñ...pmh...¡Mpflg!
-¿En serio querés por el culo...?
-Mjgh...Sí, por el culo...mblgf...toda por el culo....bien adentro... ¡Mhlgfb!

-Mirá que estoy muy, pero muy caliente...te voy a reventar... Ahhh... qué buena chupadora que sos...

-Mhmhf...eso...reventame...matame...mlgf...
-Ahh...mhhh...después no te quejes de que te quedó doliendo....
-Mhgh...¡pflg!...eso...que me duela...mhff...que me quede ardiendo el ojete durante una semana...fghhm...

Repentinamente me acordé de mis suegros y se me ocurrió pensar que ellos seguramente no habrían aprobado el vocabulario de su hijita...

-Bueno, suficiente...Traé la vaselina.
-No...así...sin vaselina...
-¡Te voy a matar! Después no digas que no te lo advertí....
-Dale, ¡matame!...dejame estropeada...
-Ponete asi. No, más para acá...¡ Eso!. Las rodillas un poco más dobladas ...así...

-Dale, mi macho...¡no aguanto más...!
-¿Estás lista...?
-Soy toda tuya...¡Ayyyyy! ¡Mmmhh! ¡Así, así! ¡Bien hasta el fondo! Ahhhh...
-Ahhh...Mirá que sos puta, eh...
En medio de las exclamaciones y los jadeos, se oía el
rechinar de los elásticos de la cama a un ritmo que a cada momento se hacía más y más frenético. Estaba tan aturdido que no recuerdo en qué momento me había bajado el cierre de la bragueta; sí recuerdo que, a pesar de lo incómodo que estaba en mi escondite, me estaba pajeando con ganas. Yo sentía una mezcla de fascinación y horror por toda la situación que estaba viviendo. De pronto se pusieron a jadear con más fuerza.

-Ay, nena, creo que voy a acabar...ahhh...sss...
-Yo también....ssss....ahhh....
-Ahhh...mmmmh....ahhh...sss..
-Ahhh...acabá...dame tu leche...
-Ahhh...ahí...a-ahí va...ahhh...
-Dame...ahhh...toda...tu leche...explotame...¡ahhh!....bien en el fondo

del...orto...
-Ahhhhh....ahhhh....mmm...
-Ahhhh....¡ahhh!
-¡¡Aahhhhhhhhhhhhh!!
-¡¡¡¡Aahhhhhhhhhhhhhh!!!!
Silencio total. Yo había acabado también, junto con ellos. Estaba agotado y la cabeza me daba vueltas. Al rato empezaron a conversar, distendidos, en voz baja pero que me resultaba perfectamente audible.

-¿Por qué no lo dejás a tu marido? Si es tan malo en la cama...
-¡Ya te dije que voy a seguir con él!
-¿Pero por qué?
-¡Porque lo quiero a él!
-Je, je, je...cómo lo querrás que estás acá conmigo en la cama y...
-Y... ¿vos acaso no pensás seguir casado con tu mujer?
-¡Pero eso es distinto! Si no fuera por los chicos.... la dejaría y me vendría con vos.

-Igual yo no querría. Cuando estoy con vos, no sabés cómo pienso en él...

-Ja, ja, ja...sinceramente, no te entiendo.
-Te voy a explicar. Si yo no siguiera con mi marido, yo no gozaría tanto con vos...

-Sigo sin entender.

-Es claro: a mí me excita meterle los cuernos, me calienta saber que mientras él está en el trabajo yo estoy aquí gozando con mi macho...y encima, en la misma cama donde a la noche duermo con él.

-Ahora empiezo a entender.
-Y más me excitaría que él lo supiera...
-Ja, ja, ja...
-No sabés qué hermoso sería para mí tenerlo aquí con nosotros...
-¿Qué?¿Un trío con él?
-No, tontito. Tenerlo acá en casa, y que mientras nosotros estamos dale que dale, él estuviera, por ejemplo, haciendo las tareas domésticas, mientras escucha cómo cogemos. O si no, tenerlo encerrado en el placard y dejarlo libre en los intervalos para que nos traiga algo de comer...¡De sólo pensar en humillarlo así me parece que fuera a acabar!¡Uy! ¡Mirá cómo estás! Parece que a vos también te excitó la idea...

Sin duda estaban ambos muy excitados, porque al instante siguiente volví a sentir los jadeos de él, los gemidos de ella, y pocos minutos más tarde escuché cómo acababan a los gritos..

Yo también estaba caliente de nuevo y tampoco me costó mucho volver a terminar.

Después de un rato de silencio, escuché la voz del tipo que preguntaba:

-¿Te parece que algún día...podremos...?

-¡Claro que sí! Él es un sumiso, me di cuenta apenas lo vi por primera vez. Por eso me casé con él, je. Mi plan es moldearlo a mi gusto hasta tenerlo sometido a mis caprichos por completo. Todo el proceso tal vez me lleve un buen tiempo, pero bien que vale la pena...y estoy segura de que lo voy a lograr. Él es dócil...y hasta a veces llego a pensar que debe tener fantasías parecidas...Es cuestión de ir llevándolo de a poco. Además...

-¡Uy! ¡Qué tarde se hizo!¡Me tengo que ir ya! Después hablamos, eh.
Oí que lo acompañaba hasta la puerta y que le decía:
-A esta hora, abajo está sin llave. Te abro desde acá.
Pasada la calentura, mi confusión seguía y yo no sabía qué hacer.

Hasta que de golpe se abrió la puerta del placard. Andrea pegó un grito, pero apenas me reconoció y salió de su asombro, sonrió con satisfacción.

Estaba desnuda, con el pelo revuelto, y más hermosa que nunca. Se veía a la legua que la cogida le había hecho bien.

-Bueno, bueno...qué sorpresa...Supongo que habrás escuchado todo...
-Eh, s-sí...yo...
-Me parece que eso facilita las cosas...Decime,¿qué pensás?
-Mi amor, yo...no sé...
-¿Te acordás de algo que vos siempre me decías cuando estábamos de novios...?

Ya me imaginaba a que se refería, pero igual pregunté.
-¿Q-que cosa?
-Que vos serías capaz de hacer cualquier cosa con tal de no perderme...

-Eh, sí, es cierto...
-¿No te parece que ya es hora de que te tome la palabra? ¿O preferirías que te dejara y me buscara otro sumiso?

Obedeciendo no sé a qué impulso, me arrojé a sus pies, se los besé y, casi llorando, le supliqué que no me dejara.

-¡Muy bien! ¡Así me gusta! Bueno, tesoro....quedate tranquilo que está todo bien...Yo no te voy a dejar...pero a partir de ahora las cosas van a ser muy distintas en esta casa,¿está clarito?

-Sí, mi amor.
-Bueno, salí de ahí.
Llamó por teléfono al tipo. Mientras alegremente le contaba lo que había pasado, ella me mandó a la cocina a prepararle un jugo de naranja, unas tostadas con manteca y mermelada y un café con leche. Evidentemente los polvazos que se había echado le habían abierto el

apetito. Me dijo que iba a dormir un rato y que más tarde íbamos a hablar.

Esa noche, en la cama, me sentí un poco triste. Ella me dijo que comprendía que ése era un cambio muy grande en nuestras vidas, pero que nada había que temer; que, por el contrario, era para alegrarse, porque era para bien de todos. Yo era un sumiso (ahora ya no cabía

ninguna duda de ello) y debía aceptarlo y tratar de gozar según mi naturaleza, del mismo modo que ella iba a gozar según la suya.

Al día siguiente, empezó mi nueva vida.
A la tarde llegó su amante. Ricardo (así se llamaba) me dio la mano y se mostró muy amable conmigo. Les preparé café; cuando les llevé la bandeja al living, ellos estaban en el sofá, besándose y

franeleando. Mientras lo tomaban, tuve que ir al dormitorio a preparar todo: bajar la persiana, cambiar las sábanas, hacer la cama. Luego Andrea me llamó aparte. Me pidió que la acompañara al baño. Me hizo

quedarme en slip.

-Bajate el slip.Hasta ahí no más.No te lo saques.
Obedecí. Vi que tenía en la mano algo que hasta entonces yo sólo conocía por fotos: un tapón anal.

-De ahora en más, cada vez que Ricardo y yo vayamos a hacer el amor, vas a tener que usar esto. Abrite las nalgas.

Con una mezcla de vergüenza y excitación, hice lo que me pedía. Ella estaba detrás mío. Había agarrado un pote de crema del botiquín y lo estaba destapando.

-No tengas miedo, te voy a lubricar bien...No te voy a hacer daño. Levantá bien la cola.

Sentí sus suaves dedos encremados jugueteando con mi agujerito y luego penetrando en él y dilatándolo; momentos después, el artefacto se iba deslizando lenta y trabajosamente en mi interior.

-¡Ay!
-Bueno, ya falta poco...ya entró casi todo.
-¡Aaayyyyyyy!
-¿Qué pasa?¿Molesta mucho?
-¡Sí!
-Bancátelo. Para eso es: para que moleste -no para que goces...
Después pasamos los tres a la pieza y yo tuve que colgarles la ropa luego que ellos se desnudaran. De reojo miré la pija de Ricardo que, aún sin erección, era imponente. Se acomodaron en la cama y Andrea se dirigió a mí:

-Le dije a la señora de la limpieza que no viniera más. A partir de ahora te vas a encargar vos de todo eso. Y vas a aprovechar para hacerlo, los momentos en que nosotros estemos en la cama. Vas a empezar por el living.

Ella, perversamente, me ordenó que entornara la puerta, de modo que yo pudiera escuchar todo pero sin poder ver nada.

-No se te ocurra espiar, ¿eh?
Yo estaba con una calentura que me moría, pero la molestia que me producía lo que tenía en el culo me impedía que la erección fuera completa. Mientras fregaba el piso, pasaba el plumero por los muebles y barría la alfombra, tuve que oír varias acabadas terribles de Andrea y una sola, larguísima, al final, de Ricardo. Me parecía que gritaban y jadeaban más fuerte que el día anterior. Sin duda la nueva situación los ponía más calientes a ambos.

A la noche ella se mostró muy dulce conmigo, y me preguntó si me había sentido bien. Mientras me hablaba me rozaba los labios con los suyos; con su mano me acariciaba el pito y los huevos, enloqueciéndome de deseo, pero sin dejarme entrar. Me dijo que tuviera

paciencia, porque una vez por mes me iba dar permiso para acabar (aunque aún no me aclaró cómo), pero que eso no iba a ser para mi placer, sino sólo una especie de medida higiénica, porque no quería que tuviera las bolas tan llenas de leche que me terminara afectando la salud.

Aparte de las tareas domésticas, tuve que aprender a ocuparme de la apariencia y el cuidado de mi mujer; de hacerle las manos y los pies; de la depilación; de maquillarla y peinarla cada vez que recibía a su amante. Y de algo a lo que ella daba suma importancia: un baño de inmersión con sales aromáticas y un masaje cada vez que se disponía a hacer el amor. Ella afirmaba que eso la relajaba de tal modo que después tenía orgasmos mucho más intensos y prolongados. Ésta era una tarea que me sumía en la más absoluta desesperación. Tener que ver de cerca la blancura perfecta de su piel, sentir con mis manos su textura sedosa, masajear esas carnes firmes, y saber que su cuerpo encerraba todo un mundo de placeres al que jamás podría acceder, era para mí algo tan vertiginoso como caminar al borde de un precipicio. Sin embargo, me di cuenta de que, con el correr de los días, a la vez que aumentaba mi calentura, me iba haciendo más sumiso y más deseoso de complacer a mi mujer en todo.

Las cosas siguieron así por una semana. El tener que escuchar todo lo que hacían, sin poder ver nada, me estaba enloqueciendo. Un día, desesperado, me arrodillé a los pies de Andrea y se lo dije, rogándole que me dejara observarlos. Ella sonrió y me miró con ironía.

-¿No te da vergüenza, siempre pensando en "eso"? ¿No sabés que el sexo no lo es todo en la vida?

-Por favor, mi amor...
-Está bien...podría ser...Pero... ¿estás seguro de que te lo vas a bancar?

-Sí, mi amor.
-¿Seguro, seguro...? Porque tené en cuenta que pienso humillarte bastante...

-No importa, mi amor.
-Mirá que después no quiero lloriqueos, ni lamentaciones, ni "esto no me gusta"...

-Lo que vos digas, mi amor.
Esa tarde, cuando llegó Ricardo, nos fuimos los tres a la pieza. Andrea se quedó en bombacha y corpiño, y Ricardo en slip. Se acostaron, y les colgué la ropa. Ella me dijo:

-Ahora salís un momento, te desnudás por completo, dejás la ropa bien dobladita afuera y cuando estás listo volvés.

Hice todo eso y apenas volví a la puerta sentí la voz de Andrea.

-¡De rodillas! Ahora vas a venir caminando en cuatro patas hasta al borde de la cama.

Cuando llegué hasta allí, ella se sentó en la cama y sacó de la mesita de luz un tapón anal...Era otro, mucho más grande que el que había tenido que soportar hasta entonces. Me asusté. Ricardo estaba recostado y miraba divertido la escena. Andrea me acercó el tapón a la boca.

-Chupá. Mejor será que lo ensalives bien, porque ése va a ser el único lubricante que vamos a usar esta vez. Ahora date vuelta.

Apenas entró la puntita pegué un grito.
-¿Qué pasa, mi amor? ¡No me digas que duele!
-¡Aghhh!
-Si supieras lo que es aguantar la pija de Ricardo en el culo, esto te resultaría un juego...

Una vez que lo tuve todo adentro, me pidió que me diera vuelta otra vez. Me miró a los ojos de un modo que me hizo estremecer.

-A ver, mostranos lo que tenés adelante.
Mi pito, ya de por sí nada grande, estaba totalmente fláccido por el dolor que me provocaba el tapón.

-Decíme, cariño... ¿vos creés que con esa cosita en miniatura podés llegar a hacer gozar a una mujer?

-N-no, mi amor.
-Y no sólo eso...A ver...contános cuánto tiempo llegaste a aguantar adentro mío.

-Uno...o dos...minutos, creo.
-¡Uno o dos minutos! ¿Sabías que Ricardo....se aguanta el polvo como tres horas?

Yo estaba consternado, pero algo en mi interior me impulsaba a experimentar la humillación hasta el final. Ricardo le pasaba la mano por la espalda a mi mujer, acariciándosela, hasta que le desprendió el corpiño y se lo sacó. Andrea siguió hablando.

-Y aparte de chiquita la tenés blandita...como cuando estábamos en la cama y me la tratabas de poner, ¿no es cierto?

-Sí, mi amor.
-¿Qué te pasaba entonces?
-Se-se m-me bajaba...
-Se te desinflaba toda...y se te quedaba blandita y colgando...¡Como un flancito!¿te acordás qué papelón, no?

-S-sí, mi amor.
-O sea que sos impotente.
-Sí, mi amor.
-Decílo.
-Soy impotente.
-Más fuerte. Como para que se enteren los vecinos.
-¡SOY IMPOTENTE!
-Sos impotente...es decir que no servís para nada.
-No, mi amor.
-Ni ya se puede decir que seas un hombre.
-No, mi amor.
Sin dejar de mirarme a los ojos, se fue sacando la bombacha, lentamente.

-Entonces, si no sos un hombre...podrías usar esto, ¡no te parece?
Me tiró la bombacha en la cara y me ordenó que me la pusiera..
-¡Muy bien! Ricardo, vení, acercate...
Andrea puso la cara a la altura de la entrepierna de él y luego de bajarle el slip, le agarró la verga y empezó a trabajársela con ambas manos.

-¿Ves? Esto, y no lo que vos tenés, es una pija...Mirá qué belleza... Justo como a mí me gusta: larga...gruesa...cabezona...¡Y siempre dura como una piedra...!Porque él sí es bien hombre, no como vos...a él no se le desinfla el globo a la hora de ponerla...ni se deja dominar por una mujer...ni usa bombachita....

Seguía masajeándolo y de vez en cuando le pasaba los labios y la lengua por la puntita. La poronga de Ricardo iba tomando unas dimensiones espeluznantes.

-Ahora vas a ver cómo un macho de verdad se coge a tu mujercita, cómo la hace gozar como a una yegua...

Todo lo que ocurrió esa tarde quedará grabado por siempre en mi memoria, hasta el más ínfimo detalle. Se acariciaron, se besaron apasionadamente, y en seguida él se tendió boca arriba, con las piernas cerradas. Andrea se colocó de costado, de forma que yo pudiera ver todo, y empezó a chuparle la pija. Le pasaba la lengua por el glande, subía y bajaba una y otra vez por el tronco, hasta llegar a los huevos; abría la boca y lo rozaba con los labios...De a ratos se le caía el pelo sobre la cara, tapándosela; con un hábil movimiento de cabeceo, se lo quitaba, dejándome ver otra vez todo...

Al rato lo montó. Vi con desesperación cómo los labios de su conchita se iban comiendo esa verga descomunal y cómo la iba encajando hasta llegar al fondo, estremeciéndose de placer. Empezó a moverse de arriba a abajo; después, a dibujar un círculo con las caderas. Él la tomaba de la cintura, o de las nalgas; de a ratos, le

agarraba las tetas y se las manoseaba. Estuvieron así un rato, después fueron cambiando de posición. Los vi entreverados de formas que jamás había imaginado; sus movimientos eran fluidos, armoniosos, perfectamente coordinados. Era evidente que hacía mucho que eran amantes; llegué a pensar que probablemente ya lo serían de antes de que ella y yo nos conociéramos...Los veía arquearse, sacudirse, retorcerse...Los oía gemir, jadear, resoplar, suspirar...Me sentía entre el cielo y el infierno al ver a la mujer que tanto amaba gozando como una loca en brazos de ese tipo que la hacía acabar a cada momento...Habrían pasado como dos horas; quizás un poco más. Ricardo le dijo que ya no iba a esperar más y que quería explotarle en la boca; se acostó boca arriba, con las piernas abiertas, y Andrea se arrodilló cerca del borde de la cama; él levantó las piernas y las acomodó sobre los hombros de ella. Yo estaba ahí al lado, mirando

absorto, pero mi mujer me dijo que me pusiera detrás de ella, siempre arrodillado en el piso (era la primera vez que cambiaba de posición y recién ahí me di cuenta de cómo me estaban doliendo las rodillas y las piernas).Una vez ubicado como me lo había pedido, me dijo:

-Ahora vas a lamerme los pies mientras hago acabar a mi macho.
Con todo mi amor y devoción me dediqué a la tarea que debía realizar. Recuerdo que los pies de Andrea estaban un poco transpirados, húmedos, y con un sabor que me pareció entre salado y agrio. Tener que hacer esto mientras sentía los esfuerzos de mi mujer para hacer acabar a su amante, y los gruñidos de éste cuando estaba

largándole la leche en la boca, me parecieron la situación más humillante que pudiera imaginarse, y tuve que hacer un esfuerzo espantoso para no derramar ahí mismo el contenido de mis huevos.

Fue en ese momento cuando comprendí cuál era el significado del amor para mí. Amar era sufrir por amor. Amor era sumisión, entrega, obediencia; cuanto más me martirizaba la mujer que amaba, más la amaba yo, y más digno me sentía de ella.

Cuando iba a cumplirse el primer mes de nuestra nueva vida, Andrea me dijo que el domingo siguiente (los domingos estábamos siempre los dos solos en casa) me iba a dejar acabar.

Estábamos en el living. Se recostó en el sofá y me hizo desnudarme y arrodillarme a sus pies.

-Por ser la primera vez (y porque te portaste bien) te voy a dejar acabar sobre mis pies. Más adelante veremos. No creas que siempre voy a ser tan buena con vos...Tenés dos minutos por reloj. Y si no lográs eyacular...vas a tener que esperar hasta el mes que viene.

Horrorizado ante la perspectiva de seguir en abstinencia un mes más, acometí la tarea con tal energía que unos pocos movimientos de mi mano bastaron para hacerme largar un chorro de leche sobre los bellos pies de mi mujer. Todavía no me había repuesto del mareo cuando ella me dijo:

-Sacá la lengua... ¡Ya sabés lo que tenés que hacer!... ¡Y hacelo bien!

Las cosas siguieron así durante unos meses, hasta que Andrea me anunció que había abandonado a Ricardo. Me explicó que quería iniciar una nueva etapa. Eso significó, por un lado, más placer para ella: empezó a cambiar de amantes con frecuencia, y de vez en cuando, hasta se encamaba con dos a la vez; por el otro, más sometimiento para mí: me obligó a usar un cinturón de castidad en forma permanente, sólo me permitía masturbarme una vez cada mes y medio; se volvió más creativa y permanentemente encontraba nuevas formas de gozar martirizándome y humillándome; sus métodos se fueron volviendo mas morbosos y sofisticados. Sin embargo, en ningún momento perdió su actitud cariñosa hacia mí ni la dulzura de su carácter; por el contrario, tanto sexo le hacía bien y cada día se la veía, no sólo mas hermosa y sensual, sino más alegre y tranquila.

Yo también estaba feliz de verla así. Y feliz porque, a pesar de todos los amantes que pasaban por su cama ella, en el fondo, me era fiel: nunca me reemplazó por otro...

domingo, 11 de julio de 2010

El puto cornudo sumiso mirón


El relato que les voy a contar es como yo solito, poco a poco, me convertí en un cornudo sumiso. Me casé hace 8 años con Mónica, mujer guapísima que ya había tenido relaciones con otros hombres anteriormente. Al principio de salir con ella, los celos me hacían pasarlo muy mal y no soportaba que se hubiera acostado con otros hombres. Poco a poco fui superándolo y aprendí a vivir con ello. Ya casados, nuestra relación era perfecta y en materia sexual, poco a poco empezamos a ver películas porno, leer revistas y fantasear. Las fantasías eran de lo mas variadas, ella se acostaba con mujeres, lo hacíamos al aire libre, etc. Pero lo que empezó a obsesionarme, fueron los relatos y películas de infidelidades.
Notaba que cada vez que fantaseábamos con que otro hombre se acostaba con ella, me ponía a mil por hora. Cada vez era mayor mi obsesión y me encantaba que me contara como había follado con otros hombres, que sentía, que me contara hasta el mas mínimo detalle.
Fantaseábamos continuamente con que se acostara con otros. Yo empecé a insistir en que quería verla follar con otro hombre, que me pusiera los cuernos, que se la chupara a otro hombre. Empezamos a poner nombre a nuestras fantasías y pensábamos en Alfonso, el hombre que la desvirgó y en Diego, el único hombre que se ha corrido en su boca (a mi no me deja). A mi cada vez me gustaba mas que fuera dura en sus fantasías y a ella le gustaba serlo. Me decía que nunca me permitiría que me corriera en su boca, que eso solo se lo había permitido a Diego y que es el único al que le permitiría volver a correrse en su boca. A mi me mataba de placer que fuera así de cruel. Que mi mujer me dijera que yo no podía correrme en su boca, pero que otro hombre si, es perverso y humillante, pero no se porqué razón, a mi me vuelve loco. Cada vez aumentaban mas sus humillaciones, me decía que los otros hombres con los que había follado la tenían mas grande que yo y que le habían dado mas placer, que quería volver a follar con ellos para sentir placer de verdad y que tenía ganas de que yo viera como Diego se corría en su boca, algo que yo nunca podría hacer. Cuanto mas humillantes eran sus palabras, mas intenso era mi placer.
Un día nos planteamos en serio llevar a cabo nuestra fantasía y vimos las posibles alternativas. La que mas posibilidades tenía, era ir a un local de intercambio de parejas. Yo se que ella se moría de ganas por ponerme los cuernos y follar con otros hombres delante de mi, pero le daba un poco de miedo dar el paso. Yo le insistía continuamente en que me daba igual como y con quien, pero que quería a toda costa sentirme cornudo y verla follar con otros. Nunca se sabe si es realmente una fantasía o de verdad se desea que sea realidad. Ahora yo ya se que realmente lo deseaba. Hace cosa de un mes, Mónica me dijo que quería que hablaramos en serio, sin estar follando y sin fantasear. Le dije que de acuerdo y nos fuimos a cenar. Me preguntó si realmente creía que me gustaría verla follar con otros hombres. Le contesté que si, que lo deseaba con todas mis ganas. Ella me dijo que si daba el paso, no le podría reprochar nada, pues fui yo quien la convenció para hacerlo. Le dije que de acuerdo y que por encima de todo, estaba nuestro matrimonio, que funcionaba a las mil maravillas.
Una vez aclarado todo, me dijo que el viernes de esa semana, la esperara en casa porque me iba a dar una sorpresa. El viernes pasé un día de excitación total y apenas podía contenerme sin masturbarme. Estuve en casa todo el día esperando que llegaran las 10 de la noche, la hora acordada. A las 10 en punto, pude oír la puerta y vi como entraba Mónica con Alfonso, el hombre que la desvirgó y Diego, el único hombre que se ha corrido en su boca. No me salían las palabras, pero enseguida vi como se presentaba la noche, pues Mónica me dijo riéndose:" por fin vas a ver como me follan dos pollas de verdad, me vas a ver disfrutar como no he disfrutado nunca y verás como si que soy capaz de tragarme el semen, el semen de otro no el tuyo claro". La humillación que sentí fue mucho mayor que otras veces, pues esta vez fue delante de sus exnovios y antes de que se la fueran a follar. No entiendo porqué pero me gustaba sentirme así de humillado, ver como mi mujer se reía de mi con sus dos exnovios preparados para follarsela delante de mi. Ellos lo único que me dijeron fue que tratara de aprender como se folla, y que no me perdiera detalle de lo que le iban a hacer a Mónica. Subimos a la habitación y Mónica me dijo sin contemplaciones, que debía hacer todo lo que me dijera sin rechistar o se iría a follar a otro sitio y no me dejaría ver como se la follaban.
Que sería su cornudo sumiso. Le dije que de acuerdo que acataría todas sus ordenes sin rechistar pero que no fuera muy dura, que no sabía si podría soportar la situación pues era nueva para mi y muy fuerte. "Te vas a enterar si voy a ser dura. ¿No querías ver como follo con otros? Pues aquí tienes lo que te mereces cornudo mirón, mira bien lo que me hacen porque hay cosas de las que solo podrás disfrutar mirando como otros me lo hacen, porque tu jamás me lo harás." La situación me estaba superando, estaba sintiendo un placer y una excitación imposible de explicar y de entender. Mónica me pidió que la desnudara para que fuera yo el que la entregara a Alfonso y Diego. La desnudé y la acerqué a ellos para que empezaran a hacer su labor. La primera sorpresa llegó cuando me dijo: " ¿no pretenderás que me follen vestidos? Desnúdales para que podamos follar a gusto. Cuando protesté me amenazó de tal manera con irse a otro lado, que no volví a protestar ninguna de sus ordenes. Desnudé a Alfonso y Diego y dejé alos tres desnudos. La siguiente sorpresa, me dejó helado, pero no me atreví a quejarme. " Chúpale la polla a Alfonso, que quiero que la tenga bien lubricada antes de follármelo. No me lo podía creer, me estaba pidiendo que le chupara la polla al tío que se iba a follar a mi mujer. La situación superaba la situación mas humillante que pudiera haber imaginado en mis fantasías, yo de rodillas, chupándole la polla al tío que había desvirgado a mi mujer, para que se la follara delante de mi en mi cama.
Hice caso y le chupé la polla a Alfonso para dejársela humeda antes de follarse a Mónica. Alfonso también hacía comentarios que me hacían sentirme aún mas humillado. "Prepárame bien la polla, que voy a darle verdadero placer a tu mujer, para que por fin puedas ver como disfruta de verdad". Mientras tanto, Mónica empezó a chupar la polla de Diego y me vino a la mente la imagen que tantas veces me ha contado de Diego corriéndose en su boca. Ella me miraba sonriendo y en un momento dado me dijo:" Mira bien, mira como Diego se corre en la boquita de tu mujer, porque tu nunca podrás hacerlo. Si quieres ver como me sale el semen por la boca, tendrás que llamar a Diego para que se corra en la boquita de tu mujer". Me quedé mirando y Diego no tardó mucho en correrse.
Creía que me moría, estaba siendo mucho mas fuerte de lo que podía imaginar. Ver como otro hombre se corría en la boca de mi mujer y esta me decía que yo nunca podría hacerlo, estuvo a punto de volverme loco. Ya no me podía humillar mas (eso creía yo). Me sentía la persona mas humillada del mundo, pero a la vez la mas excitada. Deseaba follarme a Mónica con toda mi alma, pero ella me lo impidió diciéndome" no, ahora quiero que me folle una polla de verdad, voy a follar con Alfonso para que veas lo que es follar de verdad, quiero que veas bien a tu mujercita follada por otro, que veas tu coñito penetrado por una polla de verdad". Alfonso la tumbó y empezó a meterle la polla. "Mira bien, mira bien este momento cornudo mirón, porque a partir de este momento ya eres un cornudo para toda tu vida, mira como le meto la polla a tu mujer, porque ya no hay vuelta atrás, este es un momento muy importante para ti, mira como penetra mi polla en el coño de tu mujer, uahhhh.. Ya, ya eres un puto cornudo, ya siempre será un puto cornudo sumiso mirón, ya no hay vuelta atrás ¿Te gusta, te gusta ver como me follo a tu mujer?" Alfonso disfrutaba humillándome mientras se follaba a Mónica. Yo mientras tanto, sentía placer y excitación por todo el cuerpo viendo la situación que yo había provocado. No paraba de mirar como Alfonso se follaba a Mónica mientras Diego le chupaba las tetas y morreaba con ella. Realmente me sentía cornudo sumiso, humillado mirón.
Cuando vi que Alfonso llegaba al orgasmo y se iba a correr, creía que todo estaba acabando. Llegaron juntos al orgasmo y en mi vida había visto a Mónica un orgasmo como el que tuvo. De repente Mónica me dijo que le limpiara el coño de semen y deje que enseguida, que iba a por papel. " No puto cornudo sumiso, de papel nada, quiero que me limpies bien todo el coño de semen con la leguecita." Estaba tan resignado y humillado ya, que sin rechistar, le limpié el coño con la lengua. Le salía semen por todas partes, pero yo se lo limpiaba con mi lengua. ¿Hay algo mas humillante que desnudar a tu mujer para entregársela a otros 2 hombres, desnudarles, chuparle la polla a uno para que se folle a tu mujer, ver como el otro se corre en la boca de tu mujer mientras esta te dice que tu no podrás nunca hacer eso, ver como se la follan, se corren dentro de ella y tener que limpiar con la lengua el semen de otro de su coño? Yo creo que no, pero después de ver en lo que me he convertido y como se las gasta mi mujer, no se lo que me espera en el futuro. Seguimos muy bien en nuestro matrimonio, pero de momento las relaciones sexuales, se han convertido en juegos de humillación donde ella disfruta humillándome y yo disfruto siendo un puto cornudo sumiso mirón como ella me llama.

sábado, 10 de julio de 2010

Cornudo sumiso


CORNUDO SUMISO

Relato enviado originalmente por cornudosoy@yahoo.es a sexoservicio.com


Nos habíamos conocido por un anuncio que había puesto en una revista erótica. Buscaba una chica con carácter, que tuviera a bien ponerme los cuernos, humillarme recordándomelo constantemente y obligándome incluso, a llamar a sus amantes para que vinieran a casa a hacerme cornudo. Sé que esto es fuerte, pero desde que de pequeño pasé por las manos de una criada que hubo en casa y que me adiestró en el servicio a su exclusivo placer, no he podido sustraerme a la tentación de ser un sumiso cornudo de la mujer que amo. Me gusta sufrir por la mujer a la que quiero y entregarle a ella ese sufrimiento para que goce con él, a sus anchas. Durante nuestro carteo le confesé mis fantasías, los sucesos con la criada y mi vocación por ser su cornudo sumiso. Ella me dijo que de acuerdo, que por ella no había inconveniente siempre y cuando me atuviera a una serie de normas que ella establecía. Pero antes he de decir que por las fotos que me había enviado, Concha parecía una mujer/mujer, con unas tetas rotundas, erguidas, bamboleantes, túrgidas y con un cuerpo en forma de guitarra en el que sobresalían sus duros muslazos. Era de una belleza muy especial y sobre todo, muy segura de si misma, de un fuerte carácter, y de una gran inteligencia. Sabía lo que quería, eso se le transpiraba por la piel.

Me dijo que ella tendría libertad absolutamente para todo y que yo no tendría libertad absolutamente para nada. Ni para salir a comprar tabaco, sin su permiso. Ella no permitiría que yo mirara a una mujer por la calle, ni a que me masturbara y culminara en el orgasmo sin su permiso, mientras que ella podría follar con quien quisiera, donde quisiera, cuando quisiera y como quisiera. Esas eran sus premisas básicas que debería aceptar, antes de visitarla. Y acepté, claro.

El primer día que acudía a una cita con ella yo debería subir a su piso y llevarle un ramo de flores. Y a la hora prevista subí al tercer piso y me encontré con la puerta abierta. Entré y por el murmullo de voces que se oía supuse que se encontraba en la habitación del fondo. Entre en la habitación y me la encontré a horcajadas de un desconocido y cabalgándolo con una posesa. Me asusté y quise retroceder, pero ella me miró, se sacó la polla de su amante, la chupó, le dio un beso y le dijo a él que aguardara, que ahora regresaba y que no tardaría. Me cogió de la mano, me llevó a la cocina, se sentó sobre una silla, me dijo que me desnudara, me dobló sobre sus muslos y con una zapatilla, comenzó a azotarme el culo, mientras me decía muy enfada que no volviera jamás a interrumpirla mientras follaba con su amante. Que no se volviera a repetir, que antes de ir a casa debería llamar para que ella me diera el visto bueno sobre si podía regresar.

Yo le juré que así sería y ella prosiguió azotándome más suave pues se había dado cuenta que mi polla dura, erecta y dura, se rozaba contra sus muslos desnudos. Entonces paró, para evitar que me corriera allí mismo y se levantó brusca, se quitó las braguitas tipo tanga que lucia, me las puso a mí y me dio su primera orden. Noté que ella llevaba un perfume que no conocía y que me gustó mucho pues al mezclarse con su piel y con su sudor olía como a hembra en celo.

- Ve a mi habitación y pídele perdón a mi amante por haberlo interrumpido.

Y así lo hice. Luego volví a la cocina para recibir sus nuevas instrucciones. Quería que mientras que ella follaba con su amante, le limpiara la cocina, vestido con sus bragas. Y así, lo hice mientras de vez en cuando me asomaba a la puerta para mirar a su habitación y ver como encima de su amante, se lo follaba apasionada.

Cuando terminó con él, se despidió con un beso y me llamó a su habitación. Estaba sentada en la cama, con sus grandes y voluptuosas tetas apuntándome. Me arrodille entre sus muslos y escuché muy atento lo que me tenía que decir. Y esto era que a partir de aquel momento sería su cornudo sumiso, que no tendría ningún derecho sobre ella y que tendría que aceptar gustoso todo su poder sobre mí. Yo asentía con la cabeza. Ella siempre follaría con sus amantes en mi cama, para que luego, cuando yo me acostara para dormir, pasara la noche oliendo y sintiendo sobre mi piel los efluvios de su excitación de hembra en celo, satisfechos por un verdadero macho. Siempre que fuera a follar con su macho me lo anunciaría previamente con el perfume especial que ella usaba, precisamente el que yo le había ya olido antes, con objeto de que estuviera preparado. No utilizaría ningún otro perfume ni ninguna otra colonia, solo ese.

- Cuando me huelas el perfume sabrás que vas a ser cornudo, otra vez" me advertía.

Ella me marcaría a fuego en el culo "soy el cornudo de Concha", con objeto de que si alguna vez íbamos a una playa nudista todos pudieran conocer mi realidad. Sus amigas sabrían que yo era un cornudo sumiso y ella podría decírselo además a todo el que quisiera. Yo no podría mirar a otra mujer por la calle y de ocurrir tal cosa, ella me podría azotar el culo hasta que se sintiera calmada, porque según decía yo era suyo y ninguna otra mujer podría aparecer en mi vida, ni cruzarse conmigo por la calle. De ser así, me tendría que apartar para dejarla pasar por lo menos a dos metros de distancia de mí. En esto insistió mucho ya que decía que era muy celosa. Ella follaría con algún vecino del edificio para que todos supieran en el vecindario que era un cornudo. Igual obraría con algún compañero del trabajo, y con el mismo propósito. Con el fin de envilecerme y destruir mi autoestima, tendría que llevar siempre bajo el pantalón las braguitas que ella se quietara cada día. Y además tendría que depilarme los sobacos, las piernas, el pecho y mi polla, con el fin de sentirme más femenino, menos hombre, y que cuando todos los días procediera a depilarme, reconociera constantemente lo lógico y consecuente de que ella se ligara y follara a un verdadero macho.

- Machos que no gastan bragas ni se depilan como tú" me concretó.


Me anunció también que llevaría un cinturón de castidad del que solo ella tendría la llave, y con el que permanecería puesto todo el día, excepto en los días de los cuernos en los que me libraría de él para que pudiera acariciarme, pero sin llegar al orgasmo sin su permiso. Las noches que no estuviera con su amante, debería dormir abrazado a ella para besarla con el cariño y la ternura de un novio, mimándola, acariciándola con suavidad, diciéndole cosas bonitas, tratándola con mimos, y lamiéndole todo el cuerpo con delicadeza, antes de pasar a su culo y a su coño.

- Tú me tratarás con el cariño de un novio enamorado y mi amante con la fuerza y pasión de un verdadero macho.


También me advirtió de que jamás podría tocarle las tetas, ni con mi boca ni con mis manos pues para mí eran una zona prohibida. Ella andaría siempre por casa con las tetas descubiertas para recordarme constantemente lo que me estaba prohibido, lo que acariciaban sus amantes con frenesí y que a mí me estaba vetado pues había optado por ser su cornudo sumiso. Así es que como la vería todos los días por casa con las tetas al aire, para que tuviera constantemente consciencia de que era un cornudo, que había una parte de ella que me estaba vetada y de que esa parte, sus hermosas tetas, estaban a la libre disposición de sus amantes que podrían por el contrario magrearlas, sobarlas, lamerlas y chuparlas a su santa voluntad.

- De hecho, me dejaré magrear las tetas en los autobuses públicos" me advirtió-, para que te quede constancia de que lo que a ti te está prohibido, para todos los demás hombres es de uso público.

Decía que si por alguna circunstancia no podía resistirme a besarlas y chuparlas, antes de darme el permiso tendría que haberse corrido su amante sobre ellas con el fin de que mamara esa leche de sus tetas.

Cuando su amante la fuera a follar, yo me estiraría sobre la cama, y ella se pondría a cuatro patas sobre mí, ofreciéndole a él el culo para que pudiera así follarla a lo perro. Entonces me pintaría sobre la frente la palabra "cornudo" para que ella pudiera leerla y excitarse mientras gozaba con la penetración por detrás. Así además, según me aclaró, nuestras caras estarían enfrentadas y mientras follaba con su amante, podría decirme lo cornudo que era, lo mucho que gozaba con esa enorme polla y lo feliz que la hacía su amante. Y además, podría ver sus tetas bamboleándose al compas de las embestidas de su macho, y seguir el ritmo de su gozada, oír claramente sus gritos de placer y ver en su cara reflejada el momento en el que se corría.

- Y cuando me corra te besaré en la boca para que sientas muy cerquita mis suspiros de placer y paladees mi saliva al gozar con un verdadero macho.

Yo le dije que sí a todo, asentí a cabezazos pues estaba deseando ser cuanto antes su cornudo sumiso. Y le dije que mi sumisión a ella era una demostración que yo quería hacerle de mi amor, de lo mucho que la amaba, pues quería verla gozar plenamente y ofrecerle mi humillación como cornudo, como una señal de mi entrega total y absoluta a ella. Ella me contestó que me entendía y que a mí también me amaba, pero que sabía diferenciar perfectamente sin ningún trauma el amor del sexo. Ella no me hubiera admitido nunca a su lado de no haberme entregado así a ella. De hecho era soltera y jamás se había casado porque siempre había buscado a un hombre que se entregara totalmente a ella, sin condiciones, sin límites, sin freno. Y que así fuera feliz.